
Hace unos días decidí hacer una reseña sobre los mejores quince capítulos de Game of Thrones, antes del inicio de la octava y última temporada. Sin embargo, por cuestiones de tiempo, me fue imposible terminar antes del estreno y conforme escribía sobre los primeros capítulos, me daba cuenta de que salían más palabras de las que esperaba.
Así que decidí enfocarme en analizar y entender realmente por qué estos cinco increíbles capítulos puedo verlos una y otra vez y cada vez quedo asombrado por lo bien escritos que están, lo bien dirigidos, pero sobre todo lo mucho que me emocionan como la primera vez que salieron al aire. Quiero dejar claro, además, que estos son mis favoritos personalmente, por mis propios motivos y argumentos, y es perfectamente válido que no estés de acuerdo y que podamos discutir qué otros merecerían un lugar aquí o quizá en un Top 10 o un Top 15.
Sin más, aquí están, del cinco al número uno, mis episodios favoritos de Game of Thrones (SPOILERS):
5. Temporada 1, Episodio 5: ‘El lobo y el león’ (The Wolf and the Lion)
El quinto capítulo de la primera temporada tiene todo lo que hace a las primeras temporadas, específicamente a esa, tan disfrutable, en sus propios parámetros: la conspiración para matar a Jon Arryn empieza a tomar giros inesperados, Arya se da cuenta de que Varys «La Araña» habla con un extranjero sobre Daenerys al otro lado del Mar Angosto, Robert pone a prueba la lealtad de Ned ordenando que asesinen a Daenerys, a lo cual Ned se niega y renuncia a ser Mano del Rey, y Tyrion es llevado al Nido del Aguila, hogar de la hermana de Catelyn, para ser enjuiciado por el supuesto intento de asesinato de Bran.
Durante el inicio del capítulo, además, el torneo de caballeros para celebrar el nombramiento de Ned como Mano del Rey, se convierte en una escena perfecta donde conocemos más sobre quienes son muchos de estos personajes, sobre todo los secundarios y que jugarán papeles cruciales durante las siguientes temporadas: Barristan Selmy, La Montaña, El Perro, Petyr Baelish y Renly Baratheon. Uno de los grandes aciertos de la serie, que la hace única y nos ha capturado por años es la sensación de que el universo está vivo y que todo lo que vemos tiene una historia detrás, eso nos ha permitido conectar con los personajes como si fueran personas reales, y la primera temporada lo hace perfectamente con meras conversaciones donde, sin darnos cuenta, aprendemos sobre el mundo y lo único de cada personaje.

Los mejores momentos, sin embargo, son dos conversaciones que llevan la idea de «exposición» a otro nivel, y quizá rompen con la famosa regla en la escritura de guiones de «mostrarlo, no contarlo», o quizá justamente son el ejemplo perfecto de «mostrar» para entender el drama intrínseco en estas historias. Por un lado, tenemos a Petyr «Meñique» y Lord Varys, en un intercambio de palabras que pareciera un juego de insultos educados, casi como una guerra de albures mexicanos donde ambos muestran su inteligencia para mostrar la siguiente embestida y acabar con la seguridad del otro, y ninguno lo logra. Dos titanes de la inteligencia, de la conspiración y la maquinación se encuentran frente a frente en una clase particular de diálogo que definitivamente se extraña en las últimas temporadas.
La última escena de la que quiero hablar es la única conversación personal que vemos entre Cersei y Robert en toda la serie y es algo digno de recordar. De la nada, porque de verdad nunca hemos visto hasta este punto que haya una verdadera relación de años de confianza entre estos dos, Cersei llega a su cuarto principal, donde se encuentra Robert, y dice «Lamento que tu matrimonio con Ned Stark no haya funcionado. Se veían tan bien juntos.» Unas horas después de que Ned hubiera renunciado a su nombramiento como Mano del Rey. El diálogo continúa con la discusión sobre si Daenerys y los Dothraki representan un verdadero peligro para su reinado, luego sigue con la asimilación de que ya no existe un propósito tras la caída de la dinastía de los Targaryen, ahora todos buscan el poder. ¿Pero qué es lo que mantiene unido al Reino? Pregunta Robert, a lo que Cersei responde: «Nuestro matrimonio», y ambos ríen. Ambos se odian, desprecian la responsabilidad que tienen bajo sus hombros, que han tenido que soportar durante 17 años, y sin embargo siguen aquí, burlándose de su desgracia, con el único consuelo de que ambos sufren por igual. Y como si fuera poco, proceden con la conversación sobre Lyanna Stark, la primera vez que tocan el tema según Robert, y aunque él admite que la sigue amando y que su matrimonio con Cersei nunca tuvo esperanzas, ella solo deja claro que esa declaración no le hace sentir nada.

Qué gran escena, uno de esos momentos que elevan todo el capítulo y a toda la serie como uno de los mejores dramas que ha habido. Además no deja de sorprenderme el gran logro en diseñar toda la historia de los libros y la serie cuando esta conversación sigue resonando y teniendo importancia hasta las últimas temporadas.
4. Temporada 6, Episodio 9: ‘La batalla de los bastardos’ (The Battle of the Bastards)
No hay mucho más que se pueda decir de este capítulo que no se haya dicho en tantos ensayos y análisis que se han hecho estos últimos 3 años. Suena increíble pensar que ya pasaron 3 años y sigue siendo uno de los capítulos más admirados por todos los fans, y con toda la razón.
El capítulo inicia con el sitio a Mereen, donde los sabios amos de la Bahía de Esclavos llevaron a su flota a para conquistarla, pero se encuentran con que Daenerys no solamente no está dispuesta a rendirse, sino que ahora dispone de todo el poder de sus tres dragones. Mientras los amos engreídos citan los términos por los cuales creen que van a llevar a Daenerys entregar la ciudad, Drogon llega junto a su madre, ella se sube en él y juntos se dirigen hacia la flota para demostrar de lo que son capaces. Ver a Daenerys en Drogon, después de 6 años esperando ese momento, es majestuoso, y cuando uno se pregunta qué va a pasar con los otros dos dragones, ambos salen de su encierro y se unen a su madre y hermano. Qué increíble momento, acompañado de un gran final donde Tyrion le devuelve el favor a los amos, por así decirlo, y ellos terminan rindiéndose.

El resto del capítulo se centra en la batalla de Jon y Sansa por recuperar Invernalia de las manos de Ramsay. Las horas antes de la batalla, la tensión entre Sansa y Jon aumenta porque ella no está de acuerdo en atacar antes de tener un mayor ejército y Melissandre no sabe explicar cómo es que pudo devolverle la vida a Jon, pero está ahí porque ha tenido visiones de una batalla en la nieve, y el escudo de los Bolton cayendo de las paredes de Invernalia.
La batalla en sí es impresionante, de eso no queda duda. Es una de las mejores muestras de lucha cuerpo a cuerpo que se ha visto en cine o televisión porque muestra el caos de la batalla y la desesperación por la inevitable pérdida de manera única y es algo que nunca habíamos sentido en batallas similares, al menos no a ese grado. La esperada y aún así sorpresiva muerte de Rickon, lo inexplicable y caótico de la batalla que presenciamos desde el punto de vista de Jon, el literal ahogamiento que sienten Jon y los espectadores compartimos cuando una estampida de su propio ejército para sobre él, y la desesperanza del encierro por parte de los Umber en los últimos instantes de la batalla. Cada momento de la batalla es atrapante y es sucedido por otro momento igual de bien realizado donde no dejas de sentirte parte de la batalla y del conjunto de sensaciones que también viven los personajes.

Finalmente, la victoria, aunque no lleva consigo sorpresas o giros inesperados, encaja a la perfección con el viaje que los héroes han tenido en las últimas temporadas. Sansa, en lo particular, merece el final que puede darle a Ramsay, tanto por lo que él le hizo a ella como por el liderazgo que ha mostrado al traer a los Caballeros del Valle. Quizá para muchos espectadores esta batalla representa uno de los momentos donde la serie no trata de volver a hundir las esperanzas sobre los personajes principales, pero es necesario para concluir con las historias que se han desarrollado durante las últimas dos temporadas y establecer quiénes quedarán hacia el final de la serie.
3. Temporada 3, Episodio 5: ‘Besado por el fuego’ (Kissed by Fire)
El episodio inicia con el pie derecho, el duelo entre el Sandor Clegane “el Perro” y Beric Dondarion para decidir la sentencia del primero, luego de que Arya lo acusara con la Hermandad por haber matado a su amigo Mycah tiempo atrás. El Perro logra ganar la pelea pero Dondarion vuelve a la vida unos minutos después gracias al Señor de la Luz. Quién hubiera imaginado que este momento resultaría crucial años después cuando Jon resucita también en la sexta temporada. Hablando de Jon Snow, en la siguiente escena Ygrette y él se adentran en una cueva en su camino al Muro donde finalmente se dejan llevar por la atracción que siente el uno por el otro y… pues todos sabemos lo que pasa en esa cueva. Otros momentos memorables incluyen la presentación de Gusano Gris ante Daenerys, el líder elegido por los Inmaculados para ser su comandante, y una discusión entre los Lannister donde Tywin revela a Tyrion y a Cersei que ambos van a contraer matrimonio, el primero con Sansa y ella con Loras Tyrell, a lo cual ninguno responde con mucho entusiasmo.

Sin embargo, hay una escena conformada por un solo diálogo que está tan bien escrita, dirigida e interpretada que eleva todo el episodio. La escena toma lugar en Harrenhal, donde Jaime y Brienne han sido llevados luego de que a él le cortaran la mano. Mientras Brienne toma un baño, Jaime la interrumpe y se mete en la misma piscina, ella intenta ahuyentarlo para que ocupe otro estanque y hace el esfuerzo por irse, o al menos alejarse de Jaime, pero termina cediendo y permanence ahí por unos minutos más. Jaime se da cuenta de la expresión de lástima combinada con repulsión de Brienne y empieza a contarle cómo todo el mundo tiene esa misma expresión con él, le habla de los apodos que le han puesto, de las ideas que el mundo se ha hecho sobre Jaime: el Matarreyes, el Hombre sin honor, el Rompejuramentos.
De pronto Jaime empieza a hablar sobre el fuego salvaje, sobre el Rey Loco y su obsesión con la sustancia inflamable. Luego procede a contarle a Brienne sobre el último día de la Rebelión de Robert, cuando su padre, Tywin Lannister, entra a la ciudad y se torna contra la corona. El Rey Loco, quien había descendido aún más hacia la locura, empieza a ordenar que todos los barriles de fuego salvaje a lo largo de la capital fueran prendidos: “¡Quémenlos a todos!” Repite Jaime. Palabra por palabra de un relato que inicia como un mero recuento de hechos, empieza a convertirse en una historia personal y difícil de contar, donde Jaime deja ver, quizá por primera vez en su vida, todo el dolor que le causan esos recuerdos. La expresión de Brienne cambia poco a poco también, la excelente actuación de Gwendoline Christie muestra cómo su personaje no es inmune al corazón expuesto de Jaime y toda la concepción que tenía sobre él se viene abajo.

Cuando Jaime llega al final de su historia, con el instante decisivo donde optó por ser el asesino del rey antes que permitir que matara a su padre y a millones de personas, Jaime se derrumba de emociones y agotamiento físico mientras Brienne lo levanta para que no se ahogue. Pero ya no es la misma persona, ya no es el Materreyes ni el Príncipe Dorado de las primeras temporadas, ni para Brienne ni para nosotros como espectadores, y la transformación de todo el personaje con esta increíble escena es el ejemplo perfecto de la complejidad de temas humanos que aborda la serie y cómo las ejecuta de forma magistral.
2. Temporada 6, Episodio 10: ‘Los vientos de invierno’ (The Winds of Winter)
El capítulo final de la sexta temporada es un ejemplo de todo lo que hace grandioso al resto de la serie y lo transmite a través de imágenes, música y escenas armadas como pocas series -o quizá ninguna otra- lo han hecho.
Prácticamente todo el primer acto del capítulo está dedicado a la secuencia del juicio de Loras y Cersei, o más bien el juicio que nunca sucedió. Toda la escena es una composición siguiendo otra composición, la misma música que lo acompaña, donde la impecable edición muestra a gran parte de los personajes principales en un momento crucial donde sus emociones y la trascendencia del momento se contagia de forma inevitable. Con muy pocos diálogos y casi ninguna explicación de lo que está a punto de pasar, el espectador se convierte en Lancel Lannister mientras descubre junto con él lo que está a punto de pasar. Cuando finalmente llega el climax de la escena y la muerte del mismo Lancel, despertamos de nuestro trance para darnos cuenta, una vez más, de la genialidad de Cersei y su conspiración y de lo poco que pudimos anticipar lo sucedido.

El resto del capítulo sigue una línea similar. Cada escena fluye con la siguiente, narrativa y visualmente: el suicidio de Tommen mientras Walder Frey grita «¡Por la casa Lannister!», para ser asesinado poco después a manos de Arya en un momento por demás satisfactorio. Sam llega a la Ciudadela desde la cual el resto de los reinos se entera de que por fin el invierno ha llegado. Bran llega al Muro donde tiene una visión del pasado y descubre que Jon es en realidad hijo de Lyanna Stark mientras, en el presente, el Norte nombre al supuesto bastardo como su Rey. Cersei, por su parte, es nombrada Reina de los Siete Reinos en un momento que, al igual que el inicio del capítulo, dice tanto con tan pocos diálogos y con la mirada que cruzan Cersei y Jaime mientras la primera se sienta en el Trono que antes perteneció a sus hijos. Daenerys, finalmente, viaja con una impresionante flota y sus tres dragones para tomar aquel trono. Pareciera poesía la forma en la que el guión y el excelente montaje de este capítulo arman el tablero para la guerra que hemos esperado durante 6 temporadas, a lo largo de los últimos 13 capítulos de la serie.

1. Temporada 4, Episodio 6: Las Leyes de dioses y hombres (The Laws of Gods and Men)
El episodio mejor escrito en toda la serie es un testamento a la capacidad de una serie épica y de fantasía de ser también dramaticamente muy poderosa y superior a cualquier otra. Interesantemente, la palabra “poder” es una que me viene a la mente cuando recuerdo este capítulo por diversas razones.
Las primeras escenas no son momentos particularmente impresionantes pero marcan un antes y un después en las historias de tres de los personajes más importantes. Por un lado, Stannis y Ser Davos viajan a Braavos, al otro lado del oceano, para hablar con el Banco de Hierro y solicitar un préstamo, una idea que Davos había tenido unos capítulos atrás para devolverle la fuerza militar a Stannis que tanto necesita si quiere volver a atacar a los Lannister y reclamar el Trono. En Fuerte del Terror, hogar de los Bolton, Yara intenta rescatar a su hermano Theon, quien es prisionero de Ramsay y cuya voluntad se ha reducido a no más que un sirviente o un perro. Y en Mereen, Daenerys tiene que lidiar con los gajes de ser una reina, específicamente con los gajes de ser una reina para una ciudad donde los ricos y poderosos no la quieren, así como una madre para sus dragones, quienes pueden volver aún más fragil su capacidad para gobernar ahora que están creciendo y representan un peligro para los habitantes. Las escenas son cruciales para definer los actos de estos personajes en los siguientes capítulos y hay una idea distinta sobre los momentos o contrastes del concepto de poder en cada uno.

Menciono estos ejemplos porque pareciera que el capítulo está centrado alrededor de la idea o ideas distintas sobre lo que es el poder, las explora, quizá sin querer o quizá haya un motivo, un tema que se replicará hacia la segunda mitad del capítulo, cuando la atención regresa a Desembarco del Rey y al juicio de Tyrion que está a punto de iniciar. En la celda donde Tyrion aguarda, Jaime y él tienen una de las conversaciones más interesantes y enigmaticas de toda la serie: mientras recuerdan algunos momentos de su infancia, Tyrion se adentra en el recuerdo de su primo Orson, un niño con retraso mental que pasaba la mayor parte de su tiempo destrozando escarabajos en los jardines de la familia. Para Tyrion era un verdadero pasatiempo ver cómo su primo invertía tantas horas en aniquilar con piedras a las indefensas criaturas y se tornó de una mera curiosidad a un verdadero caso de estudio. ¿Pero qué era lo que hipnotizaba tanto a Tyrion sobre Orson y sus escarabajos? Ni siquiera él lo entendía y durante años su mente daba vueltas alrededor del tema. Orson, a pesar de su retraso, de su inocencia y de lo triste que parecía para el pequeño Tyrion, tenía en sus manos el poder de quitarle la vida a cientos, miles, quizá millones de insectos, antes de morir de forma patética por una patada de caballo.
Nunca he sabido cómo se conecta esa conversación con el resto del capítulo y ni siquiera con el juicio que está por iniciar, y quizá nunca sea claro. Disfruto mucho verla, analizarla, volver a preguntarme y sentir esa sensación de misterio, incomprensibilidad y seriedad que le da a los últimos momentos antes de que inicie el juicio, porque cuando este comienza, y Tyrion vive algunos de los momentos más dolorosos de su vida, en un momento orquestado por su hermana y su propio padre, quizá vuelva a preguntarse por qué existen los Orson y por qué disfrutan aplastar escarabajos como él.

Y todas las ideas que podamos concluir o intentar analizar del capítulo son adicionales a una de las mejores escenas de la serie. Piedra por piedra se ha construido una historia poderosa sobre Tyrion: cada coraje que hemos vivido con él, cada decepción y cada triunfo lo recordamos conforme avanza el juicio. Justo cuando pensamos que hay una salida sencilla para Tyrion, una donde su padre vuelve a obtener lo que siempre quiso, la traición de Shae se convierte en la última piedra que derrumba al personaje y la poca fuerza que tenía para sostener tantos años de decepción. Qué gran momento sigue después, qué increíble actuación de Peter Dinklage, quien demuestra que nació para ese personaje, y qué gran satisfacción es ver la mirada de su padre, Tywin, cuando Tyrion derrumba todo su plan perfecto y remata su discurso demandando un juicio por combate.